Haiku
desentierro raíces
semillas brotan
Soy la que abre las costillas del texto
y encuentra adentro un caballo negro, desbocado,
que nadie supo ver antes que yo.
Soy la que abre las costillas del texto
y encuentra adentro un caballo negro, desbocado,
que esperaba en la oscuridad su primer nombre.
Corrijo con la uña. Con la luna que me habita.
Con el filo de una noche que duele en las sienes
como duelen los nombres que ya no pertenecen a nadie.
El manuscrito sangra palabras muertas, palabras huérfanas,
y yo las lavo en el agua oscura de mi boca,
las devuelvo, distintas, con otro nombre, con otra herida.
¿Quién soy cuando el texto termina?
La que queda: ceniza sobre el margen, sombra que corrige,
mujer que ha tocado el fuego ajeno y no se ha quemado,
o sí,
o quizás ese humo que asciende todavía
era yo.
En alas del aire llamarán
y conjurando
Esos amargos ataúdes,
silenciarán tu soledad de cáñamo dormido.
Yacerás entre malezas contrarias a la vida.
Estarás desnudo, perseguido por tus propias palabras.
Ellas,
sabrán cómo habitar la cercanía del mundo.
Alcanzarán la estirpe perdida para siempre,
Asomarán los muros,
y en el contacto,
Silábicas palomas dominarán los cielos consonánticos,
cautivando la espina de los rosales trágicos .
Saldrás de todo esto,
y cuando mire,
será para desearte entre mis labios:
Que tengas un buen viaje,
un hermoso regreso tras tus pasos.
Y entonces,
—ya ves cómo no tiemblo—,
para amarte habrá que ir descalzando algún poema.
Cuando el alma sea tan sólo tiempo
que recorre fragmentos de la sangre,
alejados arroyos en balcones de pájaro,
En el oído de todos girarán planetas
y blancos desolados.
Golpea el mar y rompe las maderas encarnadas
como en delgadas muertes.
Y sobre el cauce oculto
—como un lento navío—
va ese pulso de sangre entrecortado.
Permitidme caer bajo la mica de sus labios,
lentitud de brillantes que adelantan
la palabra a la ceguera.
Tras la erosión de la mirada
sólo encuentro sus labios
—ese destino—,
Y la palabra cae con brusquedad de muerte
sobre las últimas criaturas pensativas del mundo.
Un buen libro hace que el día se te pase más rápido. Se levanta uno más contento, espera con ansiedad infantil el momento de lectura y, una vez entre las manos, la mente vuela lejos de cualquier preocupación. Estos son los libros que he leído en 2025.
El año en que me adentré en el teatro de Lorca, las lecturas bíblicas, algún clásico como Sófocles y Platón, los pasajes de Océano mar (aquí se acaba el mar), de la casa encendida, clark, retomé a saramago, a solá, el ensayo entretenido de Maniac, las perras de reserva mexicanas, la historia al revés de la conquista y las dos novelas top del año que fueron vamos a comprar un poeta y el barón rampante.
—O sea…, fijaos ahí, donde llega el agua…, sube por la playa, luego se detiene…, eso es, precisamente ese punto, donde se detiene…, dura apenas un instante, mirad, eso es, por ejemplo, allí…, como veis, apenas dura un instante, después desaparece, pero si se consiguiera detener ese instante…, cuando el agua se detiene, precisamente ese punto, esa curva…, es eso lo que estudio. Donde se detiene el agua.
(continúa)
Cuando el último verso fue trazado, un viento del norte llegó silbando entre las ramas desnudas y se inclinó con gentileza ante el poema.
—Ven conmigo —le ofreció—. Te llevaré lejos, donde los ecos se convierten en canciones.
Pero el poema, aún fresco en su tinta, respondió con calma…
(continúa)
Y habrá personas huecas como yo,
hijos sin hijos, nombres moribundos,
que a cambio de una pizca de ese amor
tendrán que proteger a los que saben,
cuidarlos siempre, amar a los que saben
y no pedirles nunca lo que es suyo
y agradecer las migas cuando falte
el pan, y ser amigo cuando no
haya nada de nada y sólo queden
palabras sobre el pan, y si eso ocurre
ser abrazo de roca y ser su barca,
porque esa es su tarea, la tarea
de un hombre que no puede y que no sabe,
pero que ama y comprende los milagros.
La tristeza del mundo
es decir mi tristeza
empezó hace treinta años
en una noche hueca.
Por entonces los ángeles
trepaban por mis nervios
me dejaban promesas
me colgaban temores
y eso alcanzaba para todo el tiempo
para entender la vida
todo el tiempo.
Después de todo
no eran ángeles
eran tan sólo
escalofríos.
También tuve y no tengo un abuelo
con un siglo de cuentos
y una barba de seda
y dijo buenas noches
y se metió en su sueño
como huésped antiguo y de confianza.
Claro
no era su sueño
era su única muerte
nada más.
Por entonces había
nubes como montañas
y le horizonte era una cuerda floja
y los lunes
y miércoles
y viernes
Dios hacía equilibrio
sin caerse.
Pero no era Dios
era tan sólo
un barco viejo.
[…]
Y agitarse todo el día ante bonitas canciones
Que le trae la brisa —
Y retener la luz del sol en el regazo
E inclinarse ante todo —
Y ensartar el rocío por la noche, como perlas —
Y hacerse tan delicada
Que una duquesa sería demasiado vulgar
Para percibirlo —
E incluso cuando muere, fallece
Con tan divino aroma —
Como humildes especias dormidas —
O amuletos de pino —
Después, habitar en graneros soberanos —
Y pasar los días durmiendo
Tiene tan poco que hacer la hierba
¡Ojalá yo fuese heno! —
Y flirtear todo el día con ranúnculos
Y casarme con quien yo quiera,
Y habitar un poco en todos lados,
O mejor, huir
Sin policía que persiga
O que me siga si lo hago
Hasta que salte penínsulas
Para alejarme de ti —
Dije, «ser solo una abeja»
En una corriente de aire
Y remar en la nada todo el día
Y anclarme «fuera del puerto»
¡Qué libertad! Así piensan los cautivos
Que aguardan en estrechas mazmorras.
Un buen libro hace que el día se te pase más rápido. Se levanta uno más contento, espera con ansiedad infantil el momento de lectura y, una vez entre las manos, la mente vuela lejos de cualquier preocupación. Estos son los libros que he leído en 2024.
El año que las descubrí: Castro, Conde…, el del coqueteo con la novela gráfica (Un lugar equivocado), el de las relaciones (no todo el mundo y anarquía) y alguna relectura (Gita, El profeta), el de la ciencia ficción desconocida (Permutación), el de algunos clásicos (Crimen, Tenorio, Buscón), el de novelas hermosas (China Iron, El país de las mujeres)…
Si navego, con la mente, los espacios
O si quiero a mis ancestros retornar
Agobiado me detengo y no imagino
Tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio
Y coincidir.
Si en la noche me entretengo en las estrellas
Y capturo la que empieza a florecer
La sostengo entre las manos, mas me alarma
Tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio
Y coincidir.
Si la vida se sostiene por instantes
Y un instante es el momento de existir
Si tu vida es otro instante, no comprendo
Tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio
Y coincidir.
Ángeles a la hora en que más calienta el sol
Se los puede ver entre las arenas;
Mirando—recogiendo—sollozando—volando—
Quemadas las flores que se llevan.
Duda y Fe nacieron en una madrugada sin luna, cuando el cielo apenas aprendía a bordar estrellas en su manto. Eran hijas de un mismo suspiro, el aliento primigenio que mezcla el anhelo con la incertidumbre. Desde el inicio, fueron inseparables: dos figuras idénticas en lo externo, pero con miradas que reflejaban mundos opuestos. Fe tenía ojos que parecían haber bebido el sol; Duda, en cambio, llevaba en la pupila el rastro de un horizonte que nunca acaba.
De esto – experimentado Aquí –
Quita las Fechas – a Estos –
Deja que los Meses se disuelvan en más Meses –
Y los Años – exhalen en Años –
Sin Debate – ni Pausa –
Ni Días Celebrados –
No diferentes Nuestros Años serían
De los Años del Señor –
Si pudiera tener su nacimiento
en los ojos la música, sería
en los tuyos. El tiempo sonaría
a tensa oscuridad, a mundo lento.
Mezclas la luz en el cristal sediento
a intensidad y amor y sombra fría.
Todavía silencio, todavía
el sonido no tiene movimiento.
Pero llega un relámpago; se anudan
en los ojos lo bello y lo potente.
La fría sombra se convierte en fuego.
La belleza y el ansia se desnudan.
La música se eleva transparente.
Oh, sonido de amor, déjame ciego.
II
Yo, sin ojos, te miro transparente.
En la música estás, de ella has nacido;
de este grito de luz, de este sonido
a mundo amado luminosamente.
Y yo escucho después —agua creciente—
a la música en ti: todo el latido,
todo el pulso del aire convertido
a tu belleza, a tu perfil viviente.
Tumba y madre recíproca, del canto
orientas a tus venas la agonía,
y tus ojos asumen su potencia.
Oh prisión de la luz, después de tanto,
ya veo en el silencio: la armonía
es tu cuerpo, tu amada consistencia.
Es el destino,
el polvo de la luz
que enciende nuestra casa
y nos acoge. Desde antes
de los soles y los mares,
suenan tus manos y las mías,
el eco persistente de las flores
y el amor.
Es el destino,
la huella del crepúsculo
que abraza el cielo largo
y nos da calma. Tus ojos
y los míos,
el murmullo que deja
la risa en el silencio,
el lienzo pintado por los dioses
atropelladamente.
Que sí, es el destino,
la estela de los astros
que arropa nuestro lecho
y nos envuelve. Un bosque
de caricias y el tacto
amplificado de tu boca.
La destrucción de las galaxias
que se arrastran
como hojas secas en otoño.
Ya ves, con el destino,
el polvo de lo eterno
que forma nuestro espacio
y nos acerca. Así es mi sueño,
todo eso en una noche,
todo eso en mi cabeza.